domingo, 3 de julio de 2011

Reflexiones de un [joven] mexiquense sobre las elecciones en su estado.

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Estado de México, Estados Unidos Mexicanos. 3 de julio de 2011. Ya se fueron 45 días de campaña en los que 3 candidatos debatieron, prometieron, se descalificaron y muchas cosas más de entre las cuales siempre habrá de destacar el que buscaron a través del proselitismo la consecución del poder. Se les dieron millones de pesos que salieron de los bolsillos de todos los que pagan sus impuestos (por la buena o por la mala, pero los pagan). Se los gastaron en spots de radio y televisión, en espectaculares colocados en las principales vialidades de la entidad federativa, en ropa especial (chamarras, gorras, camisetas, etcétera), en lápices, plumas, libretas y mochilas, en una infinidad de artículos estampados con sus nombres, rostros y los colores de su fracción política. Se fueron así 45 días. Hasta hoy que llegó el día en que 10,555,606 (diez millones quinientos cincuenta y cinco mil seiscientos seis, por si no se ubica bien la cifra) debimos de haber ejercido el derecho [y obligación] del sufragio, de la elección. Al momento de estar escribiendo esto les digo con mucho pesar que ni la mitad de esos más de diez millones salieron a las calles para emitir un voto en favor de quien fuera, eso ya no importaba, sino en favor de sí mismos, en el de la inexistente democracia mexicana. Y si digo inexistente es porque me remito estrictamente al significado etimológico de la palabra "democracia" (demos es pueblo, krátos es gobierno), el "gobierno del pueblo". De un universo. De un todo. Con las cifras se puede palpar la realidad de una ficción que nos incluye a todos: el de la política que no es legítima (cosa distinta de la legalidad). En este instante ya las 3 partes competidoras por mi estado (sí, mío, porque aquí he vivido siempre) se pronunciaron. Los dos perdedores aceptaron eso: su derrota. El ganador entre vítores ya se ha vanagloriado y de paso ha hecho los primeros agradecimientos. También las primeras -y típicas- promesas: La unidad, la conciliación, el trabajo incansable, et al. ¿Y qué les puedo decir de los medios de comunicación? Esos que deben de llevar la verdad a los que nos interesamos por los procesos electorales. Me atrevo a definirlos en una palabra: Atroces. Por una parte el canal oficial del Gobierno del Estado de México, el canal 34, todo el tiempo habló de unas elecciones en paz, fluidas y sin mayores incidentes. Jamás mencionaron las irregularidades en Nezahualcóyotl, por ejemplo, donde la policía municipal y grupos armados "desconocidos" amedrentaban a los votantes en favor de "sabrá Dios quién". O lo que sucedió cerca de mi hogar en el distrito XLI donde gente del Partido Revolucionario Institucional pagaba a los funcionarios de casilla, por decir algunos casos. Después el canal Milenio Televisión en un acto totalmente sensacionalista declaraba a las 18:00 horas a los ganadores de las elecciones en este, el Estado de México y en Coahuila. Un momento más tarde lo haría con el tercer estado en disputa: Nayarit. ¿Dónde queda la ética? ¿La mesura en actos de tanta relevancia? En último término, sin lugar a dudas. Los diarios a través de sus redes sociales y sus ediciones digitales tenían mayor apertura en cuanto a irregularidades pero no tanta como la denuncia ciudadana, la del civil que salía a la calle con un teléfono celular e Internet y compartía su experiencia. De igual manera hubo poca o nula difusión de información sobre cómo denunciar anomalías ante la Fiscalía Especializada para la atención de los Delitos Electorales (FEPADE). En suma: No se cumplió con la labor de informar objetiva y oportunamente. En otros caso se abusó y se cayó en el oportunismo. ¿Y la ciudadanía? Dividida. Criticando y atacando a unos y otros. En una especie de racismo político donde ser partidario de uno u otro color es sinónimo de descalificación y adjetivos despectivos. Hay un gran predominio de esto y muy poca objetividad. Me da tristeza darme cuenta que por un lado la política de mi país es una ficción muy real, y por el otro que quienes deberían de unirse verdaderamente para salir adelante han caído en un fanatismo que solo nos echa a pelear entre semejantes. ¿A dónde llegaremos? Quisiera decir que solo Dios sabe, pero puede que ni él.

jueves, 30 de junio de 2011

Primer poema.

Póngale play antes de comenzar a leer.

Lluéveme 900 noches. Después ven y recuéstate aquí, al lado mío, y observa cómo se cae el cielo mientras me sujetas de la mano. Escucha lenta, emocionada, la forma en cada gota nos describe, vida mía; siente el roce delicado del agua descubriéndote. ¡Esa geografía tuya que me pertenece! Esa sangre nuestra que corre dentro y desemboca en la paz de tus pechos, mi boca y nuestras piernas entrelazadas. Lluéveme una vez más. Pero antes abre tus ojos. Grandes. Ábrelos para recibirme en el arco iris... porque juntos somos un sol que solo se ve con tu mirada y la mía. Mira esos rayos sublimes. Nos están esperando. ¡Dios mío, Dios mío, Dios mío! Hoy te necesitamos porque somos el alma apretujada en la noche de la tormenta. Lluéveme, alma mía. Pecado mío. Sentencia que gozo al sufrirla. Lluéveme y conóceme así, todo yo. Catártico como el andar bajo las nubes atiborradas de nostalgia. Anacrónico como tu voz suave despertándome en las mañanas. Lluéveme, silencio mío, sacúdeme con el estruendo de tu rayo: electricidad inmaculada. ¡Después de las 900 noches siénteme en tus piernas! Me sabrás rendido. Todo. Absoluto. ¡Absuelto de tu ausencia! Atrapado en la lluvia incesante del recuerdo, la esperanza: nuestro tiempo.

miércoles, 29 de junio de 2011

Y esto es solo para ti.

A esta hora y en este lugar donde la noche ya se posa sobre nuestras cabezas pero jamás en nuestros corazones, te digo, amada mía, que eres tú el sol que despierta suavemente mis sueños. Lo que mantiene unida la fe de mi interior con la realidad de que te tengo. No será esto una carta sino una manifestación de que a veces, cuando siento que ya los caminos se han separado por completo nos hemos de encontrar sin sorpresa alguna. ¿Por qué? Porque hemos sabido siempre que nos encontramos no como por arte de magia, pero sí como por arte del amor. Hoy te encuentras sometida a no sé qué. Yo todo el tiempo lo he estado a eso que te llevo a mi vida. Atados o no... somos uno. 

Sigo aquí, vida mía.